sábado, 8 de marzo de 2008

TODAVÍA NADIE SABE

Como todos los fines de semana, bajó a la playa con su detector de metales. No perdía la esperanza de encontrar el tesoro que lo ubicaría al tope de la escala social.
Como todos los fines de semana, ignoró el impresionante amanecer, el elegantísimo vuelo de las gaviotas y aún la belleza de una muchacha que corría acompañada de sus perros.
Como todos los fines de semana, no halló nada que valiera la pena. Sin embargo, cuando sin desilusión alguna se preparaba para volver a su casa, algo atrajo su atención. Y aunque no formaba parte de las cosas que consideraba interesante, la recogió. Era una simple semilla de las que arrastra la corriente. No mayor que la uña de su pulgar y de un negro intenso.
Al llegar a su casa la depositó sobre la mesa donde también dejaba el detector y la bolsa que algún día llegaría colmada de monedas de oro. Se felicitó por el hecho de que nadie tocaría sus pertenencias, era otra de las ventajas que le proporcionaba la huída de su mujer años antes.
Monótonamente transcurrió su semana. Como una máquina bien aceitada, atendió el teléfono, pasando a su jefe las llamadas que había aprendido que eran importantes y desestimando diplomáticamente las otras, hizo lo mismo con el correo, salió puntualmente a comer a las 12 hs. sin dolerse demasiado por el rechazo recurrente de su compañera de oficina.
Se abrigó cuando hizo frío, llevó paraguas cuando el informativo predecía lluvia... Y por fin llegó el sábado.
Se levantó sintiendo una vibración especial, una energía inesperada. Rápidamente se vistió, bajó las escaleras y por primera vez en muchos años obvió su desayuno.
Atribuyó su precipitación al entusiasmo por la búsqueda y reconoció que era inédito.
Al llegar a la mesa donde había dejado el detector, su mano se dirigió automáticamente a la semilla de la que se había olvidado por completo.
Sintió un leve estremecimiento pues algo inconciente le obligaba a sembrarla.
Abandonando sus planes anteriores, se dirigió al jardín y eligió un lugar apropiado donde la plantó y regó con esmero.
Este fin de semana transcurrió en forma muy irregular. No bajó a la playa con su detector y se sintió desasosegado.
El lunes volvió a su trabajo como un autómata pero al regresar esa noche, lo primero que hizo fué regar la semilla, acción que se convirtió en ineludible cotidiano.
Al cabo de unos días advirtió que unas timidas hojitas aparecían y redobló sus cuidados desmalezando y eliminando insectos.
La planta crecía muy rápidamente y pronto se hizo evidente que no necesitaba cuidado alguno ya que observó con estupor que primero el césped próximo y luego hasta las plantas más alejadas morían irremediablemente.
Fué invadiéndolo un pánico intolerable y la certeza de que había cometido un error fatal. Decidió que debía cortarla inmediatamente y se dirigió a buscar un machete que tenía en algún lugar... en ese instante sintió la presión inconcebible en su pecho y el dolor bajo el brazo izquierdo...

13 comentarios:

María Jesús Lamora dijo...

Me ha gustado tu relato.
(Salvo alguna falta de acentuación, je, je)
Un abrazo.

Rossana dijo...

Saludo efusivamente al autor del blog largamente solicitado. ¡No pidas compasión, no te achiques, pedí pasión, que es más importante! Ahora no te voy a agregar pero mañana mismo te pongo entre los vínculos. Me gustó el cuento. Bien escrito, con alto valor simbólico. ¿Esta historia va a continuar? O termina en una interrogante sobre lo que le pasó al final al personaje?
María Jesús,¿Importa tanto la acentuación cuando no afecta el significado de las palabras,? ¿Es pertinente hacerle ese señalamiento aún en tono de broma, a quien recién empieza su blog, y sólo ha puesto dos tildes de más?
Un saludo afectuoso, Juan! Vamo ' arriba! Rossana

María Jesús Lamora dijo...

Importa, siempre importa, sobre todo para los que nos dedicamos a la enseñanza de esta materia.
De todas formas, en absoluto quería provocar sensaciones negativas.
A mí, por lo menos, me gusta que me corrijan cuando la información que doy, tanto en la forma como en el fondo, es errónea.
Ufffffffffffffffff.
Besos.

FLACA dijo...

Aquí va llegando parte de la cofradía. ¡¡¡Bienvenido a la blogósfera !!! La verdad es que te estábamos esperando. Todos hacemos lo mismo:entramos, paseamos, husmeamos, coqueteamos y finalmente caemos.
No había imaginado que también escribieras cuentos. Maravilloso el relato y también el final, al que todavía le ando dando vueltas en la cabeza. Ya te agrego a los vínculos.
Nos estamos encontrando.

DINA dijo...

Bienvenido al mundo del blog.

En España hay un refrán muy conocido que dice "en casa del herrero, cuchillo de palo". NO es tu caso, herrero con cuchillo y de los mejores. Talento de sobra para escribir bellos cuentos.

Sin compasión, como te dice Ross, la maestra, porque no la necesitas.

Felicidades por tu nueva casa, te seguiré, herrero.

Suerte y que te vaya bonito.

andal13 dijo...

Qué comienzo, Juan!!! Casi una ceremonia de iniciación...
Bienvenido!

Le Santi dijo...

Querido Juan:

Vos siempre el mismo. Te has llenado de mujeres y algunas ya se están peleando por vos. Impresionante!!!. No quería entrar todavía, quería dejarte en compañia de este harén literario.
Pero bueno, tenía que firmarte algo, si no ibas a pensar que era envidia.
Qué bueno que arrancaste. El cuento ya lo conocía. No entiendo qué duda puede haber sobre el final...

María Jesús Lamora dijo...

Siento el malentendido.
No me había dado cuenta de que era un estreno en este mundo.
No me extiendo más.
Hasta siempre.

fede_buho77 dijo...

maravilloso cuento...con ese toque final que te permite pensar en infinitas posiblidades por delante...incluso para treparse y llegar al cielo...salú

Le Santi dijo...

Che, Juan, a ver si mejorás la ortografía. De no hacerlo, no te veo posibilidades con la María Jesús. Es como aquellas viejas paicas de los bailongos, si no bailabas bien, no te daban ni la hora. Yo sé que un par de tildecitos más o menos no hacen mucha diferencia, pero la mina se fija che, se fija. Qúe quéres que té dígá.
Creo que está casada y pronto festeja el aniversario, pero ¡qué lindo le queda ese pañuelito!

andal13 dijo...

Jajaja!!!! Ese Santi es un hijo de puta!!! Me encanta...
Perdón, Juan, pero no pude evitarlo... se me deslizaron los dedos solitos por el teclado!!!!

Le Santi dijo...

Más rispeto con el agüelo m'ija.

María Jesús Lamora dijo...

¿Ves?. Aquí estoy de nuevo.
Lo del Santi me ha encantado. Me gusta la gente con sentido del humor. Gracias por lo del pañuelito.
Vivimos tres díassssssssssss.
Besos.
Espero, cuchillero, verte.