martes, 6 de mayo de 2008

Provengo de una familia de artesanos.
Yo mismo me considero artesano aunque muchos dirán que la música es una profesión mas “elevada”... He comprobado que la solución de la mayoría de los problemas, tanto técnicos como inherentes a la estética que presenta el estudio de un instrumento se puede encarar del mismo modo que, pongamos por caso, en ebanistería.
Todavía quedan en santo pepe muestras geniales de piezas en madera realizadas por alguno de mis tíos. ¿Se nota el orgullo?
Lo cierto es que siento un gran respeto por quienes ejercen dignamente una tarea en que las manos (y el cerebro) modifican la materia creando objetos hermosos y eficientes.
A propósito de éstos últimos dos adjetivos, quiero decir que en algunos casos los considero sinónimos. Piénsese en la proa de un barco. Uno dice: -¡Es hermosa! Tal parece que nuestro inconsciente hubiera analizado los datos y hubiera decidido: Es apropiada.
El comentario anterior viene de prólogo a la siguiente anécdota que protagonizó (¿Cuándo no?) mi hermano Elbio.
Para la época en que sucedió, teníamos él y yo un taller de reparaciones de moto: “PYREM”.Nombre éste que tenía un sabor extranjero y por tanto exótico (el “comanche” lo pronunciaba: paiiream) pero que significaba: Precisión y responsabilidad en motos.
Un día de mucho calor (y lo enfatizo pues la temperatura influía en el carácter de Elbio) llegó al taller un cliente de esos que pretendiendo pagar menos, minimizan el desperfecto y por ende el valor de la reparación.
Concretamente decía: -“No debe tener nada, seguro que se desoldó un cablecito...
-“En realidad estaba marchando lo mas bien cuando...
Previendo lo que podía ocurrir me encargué yo de atenderlo y mientras revisaba la moto seguía la cantinela:-“Seguro no es mas que un cablecito desoldado... etc....
Yo podía sentir que en el fondo del taller mi hermano levantaba presión...
Hasta que no aguantó mas y lo vi venir como una tromba con un soldador en la mano que aplicó en el pecho del impertinente empujándolo y gritándole: -¡ Tomá, soldále vos el cablecito ¡¡¡

6 comentarios:

andal13 dijo...

Excelente, como siempre, Juan... Es como esos pacientes que van al médico ya "autodiagnosticados"!!!
Tomá el bisturí , operate vos de la vesícula y hacete un collar con las piedras!

FLACA dijo...

Ya sabemos, el mundo está lleno de vivos que se creen que el trabajo manual no vale nada o que los que lo realizan son tarados. Pero sin el cablecito la moto no anda, y eso aún contando con que fuera el cablecito.

Le Santi dijo...

DE BEATRIZ

Excelente relato Juan! Elbio un genio. Es como cuando quieren aprender un instrumento y te dicen; ¿en cuáto tiempo puedo ya tocar?
¿3 meses?. ¡qué poco valoran la manualidad, el intelecto, la motricidad y tantas cosas más!Elbio me hizo acordar al Sr. del gato. Jajajaja Un abrazo y seguí deleitándonos.

Sil.* dijo...

Juan: antes que nada, gracias por tus palabras.
En cuanto a la anécdota es tan gráfica. El trabajo del artesano es minimizado en todo aspecto, pasando por alto siempre, la didicación y el esfuerzo que demanda ese tipo de tarea.
Yo creo que el fondo todos somos artesanos de nuestra vida, incluso lo demostramos haciendo esto.
Lo que si me quedó claro, es que, en un día de altas temperaturas a Elbio no me lo quiero cruzar pero ni a palos!!

Te dejo un abrazo Juan y otra vez gracias!!

Sil.*

Ro dijo...

En esta casa somos artesanos, hacemos cuadros y tarjetas y cerámica desde 1984. Y esto que vos contás, nos ha pasado infinidad de veces. ESa falta de respeto al trabajo del otro es la marca de fábrica de los ignorantes que no saben que atrás del cablecito hay alguien que aprendió a ponerlo en donde va y no en otro lugar que mejor ni nombro. En fin...dejémoslo así. Gracias Juan por tus visitas. No podía entrar porque estaba cuidando a una tía en el sanatorio. Ahora me estoy poniendo al día. Un beso

Le Santi dijo...

Artesano y pico el juan.
Doy fe.
Capaz de hacer casi cualquier cosa. Desde una casa rodante hasta un cuento.