jueves, 13 de agosto de 2009

Carnaval en Sto. Pepe

Evocando anécdotas carnavaleras de Sto. Pepe, me asalta la duda (es lo que hacen las dudas: asaltar) con respecto a la realidad de los recuerdos. ¡Tan fantásticos son!
Conviene dar un vistazo a Sto. Pepe en días distintos de carnaval y apenas se pone el sol. Veríamos calles húmedas, fachadas siniestras, ropas oscuras y en general un ambiente lúgubre. Durante los días de carnaval es igual hasta que nos aproximamos a los tablados, o a las plazas donde se realizan los corsos. Allí todo cambia, estalla la luz en un derroche impensado para la ciudad, la gente se viste con colores alegres y se mueve ágilmente sonriendo sin parar.
Pero quizás lo más llamativo sea la transformación que sufren (nada más sufrido que una transformación) algunos personajes.
A los pepianos no nos asombra que ese señor que nos corta el boleto de entrada al cine (y con su cara de zapato sea el incorruptible más difícil de “pasar” ) se transfigure hasta llegar a ser un cómico fabuloso. Aceptamos tranquilamente que funcionarios, obreros, docentes etc. que pasan desapercibidos el resto del año se reúnan unos días antes de carnaval para crear la magia de las voces y el color.

¿Qué tendría de raro que connotados artistas plásticos en connivencia con herreros, mecánicos y carpinteros dieran vida a los tablados mecánicos?
Por cierto, estas maravillas constituían el orgullo de los pepianos y en especial de la “digna” comisión que durante meses se reunía todas las noches en el boliche de la esquina (no conocí ningún boliche pepiano que no estuviera en la esquina).
Allí jugaban al truco y tomaban mientras urdían el plan de “mangazo” del día siguiente.
Oyéndolos considerar las características que debían aprovechar de la víctima de turno y de los valores barriales, pepianos y hasta nacionales que esgrimirían, se comprendía que sobrara plata.
Ésta sería utilizada para realizar concursos infantiles con premios cuya cantidad y valor, en realidad eran (tanto como el propio tablado) elementos de competencia con los otros barrios.
Hay mucho más del carnaval pepiano. Para no aburrir dejo por aquí, no sin antes aclarar que estas anécdotas pertenecen a la década de 1950.
¿Que por qué se me ocurrió hablar de carnaval en estas fechas? -No sé.-

9 comentarios:

andal13 dijo...

¡Jijiji, desde el principio del texto me venía preguntando qué era esto del carnaval en agosto, pero al final me aclaraste la duda!
Viste que las dudas no sólo asaltan, a veces se aclaran, sobre todo si le echás agua oxigenada al pomo.
Buenísimos los recuerdos del carnaval pepiano de antaño... y seguramente el Robespierre de la puerta del cine era tremendo actor.

ella tambien dijo...

linda historia. (muy bueno lo entre paréntesis).

saludos.

FLACA dijo...

Está muy bien que se te ocurra hablar del carnaval en cualquier época. Ojalá todo el año fuera carnaval.

Fernando Terreno dijo...

Todo el año es carnaval. Y coincido con eso de los paréntesis, que es, me imagino (espero que no se moleste ninguno de los dos), una huella de Borges.
Y como Borges decía que tenía antepasados uruguayos, en una de esas, ¡eran pepianos!
Un abrazo

ro dijo...

A mi me encantaría vivir en un pueblo como este... Preferentemente, en la década del 50... Se nota otro aire, se siente otro perfume, más intenso, más ingenuo y más feliz que el de nuestros días. Si, si, ya sé, dale con la nostalgia jaja. Besotes
Que salga otra del carnaval

Fernando Terreno dijo...

Juan:
He puesto una entrada humorística en La Pulpera que merecería haber sucedido en Santo Pepe en lugar de en Oncativo. Si tenés tiempo y ganas, dale una mirada.
Un abrazo

andal13 dijo...

Genial tu aporte a la Cofradía; te saltó la vena poética, te saltó!

juan pascualero dijo...

Andrea: más que la vena poética fue la culinaria.

lara dijo...

Genial tu cuento, todo un cuadro!
Brindo por los bares pepianos que siempre están en la esquina

Saludos