domingo, 16 de marzo de 2008

Otra América

En Gibraltar (pequeño pueblo del Estado Zulia sobre el lago de Maracaibo en Venezuela) sobrevive un pueblo africano que se reconoce mas por sus costumbres y la pasión con que las viven que por el color de su gente. Y aunque han adoptado ritos y actitudes de la iglesia católica (sospecho que por instinto de supervivencia) queda claro que en el fondo de sus trabajos, permanece incólume la fidelidad a las costumbres ancestrales, tan respetables cuanto reales. (Por lo menos no depende de los empujones de la sociedad de consumo que inventó la ambición de la colonia.)(¡Sí, me hago responsable!).
Como siempre los niños y ancianos serán los personajes de mayor interés ya que están libres del culto a los intereses ajenos…
Existe en Venezuela la honorabilísima costumbre de que los niños reclamen la bendición de sus padrinos. Y se efectiviza con frases clave: “La bendición madrina”;
-¡Dios me lo bendiga y favorezca!
Pues pasaba el ahijado (negrito desarrapado de 4 o 5 años con un baldecito en cada mano) frente a su madrina y durante horas se repetía la misma situación: dejaba el negrito sus baldes en el suelo, cruzaba sus manos en actitud religiosa y repetía con la misma entonación lo que por haber sido enseñado por sus padres era sagrado: “La bendición madrina” A lo que la aludida, negra matriarcal de más de 80 años, sin variar un ápice la entonación, sin dejar de abanicarse con parsimonial aburrimiento y demostrando una paciencia a toda prueba respondía invariablemente:
“Dios me lo bendiga y me lo favorezca”

2 comentarios:

Rossana dijo...

Ojalá nuestros niños desarrapados tuvieran una madrina que los mira y los bendice, para quien son alguien y no "nadies". Una madrina, aún de ochenta años, con la paciencia y el fervor de apoyar con la palabra a un niño aunque demande veinte veces seguidas la bendición. Eso es construir identidad cultural. Salud, Juan.

Le Santi dijo...

Apoyo a Rossana. Y a usted que las musas no me lo desfavorezcan.

Además querido maestro, me gustaría le pasara a Rossana la receta para cocinar caracoles, ya que me he enterado por un comentario que hizo en el libro de papá, de que no tenía la más pálida idea de que esos moluscos se comían. Increíble pero cierto.